1.0 Introducción
La exploración del horizonte te permite vislumbrar el futuro al observar fragmentos incrustados en el presente.
Roger Spitz
Imagínate en 1995, trabajando en el empleo que tú (o tus padres) tenían en ese momento, pero con el conocimiento que tienes ahora. Con el beneficio de la retrospectiva, ¿a qué riesgos se enfrentaba tu trabajo, tu organización o tu mercado debido al inminente auge de internet? ¿Había amenazas que debían mitigarse, así como oportunidades que aprovechar? O considera que trabajabas para Blockbuster. Si entonces supieras lo que sabes ahora, y fueras un alto directivo en una corporación pública, serías negligente en tus deberes fiduciarios como custodio de los fondos de los accionistas si no buscaras añadir el riesgo del auge de internet al Registro de Riesgos de tu organización.
Internet era un riesgo emergente en 1995, al igual que lo es Bitcoin hoy en día. Para 1995, internet era ampliamente reconocido en el discurso; no era un secreto tecnológico. Sin embargo, era poco comprendido o aplicado por las empresas, y pocas, salvo las nuevas startups de internet, hacían mucho esfuerzo por aprender sobre ello o siquiera monitorearlo como un riesgo.
Al igual que internet en 1995, Bitcoin es ampliamente reconocido, pero poco comprendido o aplicado por las empresas, salvo aquellas que operan principalmente en la economía de Bitcoin. Para 1995, internet había evolucionado desde sus orígenes en los años 60 mediante la adición de nuevas capas de protocolos, hasta alcanzar un nivel de usabilidad que encendió su crecimiento explosivo.
Bitcoin ha estado evolucionando de manera similar desde su creación en 2009, mejorando gradualmente la usabilidad y abstrayendo la complejidad. Al igual que con internet, el número de usuarios de Bitcoin ha ido creciendo lentamente (https://bitcoinmagazine.com/markets/an-objective-look-at-bitcoin-adoption) mientras estas mejoras tecnológicas han estado ocurriendo. Como con internet, no sabremos qué mejora será la chispa que encienda la adopción explosiva hasta después, pero ya tenemos datos desde 2022 en adelante que muestran “fragmentos incrustados en el presente” (Roger Spitz).